jueves, 10 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA PARA CUATRO NOVELAS

Con Ana Elisa en las afueras de Roma
En el año 2010 tuve una extraña conversación con mi hija Ana Elisa en Roma. Como nos vemos poco, en todo caso menos de lo que se ven madres e hijas que no viven en lugares distantes, en nuestros encuentros conversamos mucho, tratamos de ponernos al día sobre nuestras vidas, por distante y absurdo que parezca. En esa ocasión Ana Elisa me relató una pesadilla recurrente que la molestaba con frecuencia: una amiga mía, que había sido su baby sitter durante varios años y que luego había desaparecido sin dejar rastro, aparecía montada en una carroza vestida de Miss Venezuela y la saludaba con la mano, pero con tal expresión en la cara que la dejaba temblando. Ese sueño que a mi hija la hacía sentir tan mal me disparó muchos recuerdos vividos con mi amiga desaparecida y decidí tratar de contar una historia donde alguien se va y no se sabe más de ella, como fue el caso de Mariela.

Luego seguí para Zurich a visitar a Carlos, el hijo que vive en el frío, pero la suerte estaba echada, esos recuerdos daban vuelta en mi cabeza. Era otoño en el norte lo que significa invierno en Zurich. Llegué durante una gran nevada que se quedó por una semana, una circunstancia que no inmuta a un suizo pero clausura a una habitante del trópico hasta nuevo aviso. Esa semana encapillada me sirvió para un experimento: definí unos personajes antes de pensar la trama. Estaba leyendo Iconografías de Michel Maffesoli y sus íconos de la postmodernidad me pedían que les diera vida y yo resolví hacerlo. Ese fue el libro que me sirvió de guía para mi cuarta novela.
Con Carlos en el Instituto Jung, Kusnatch
"Te pienso en el puerto" tuvo a la"Historia de Carúpano" de Tavera Acosta como disparador oficial, un libro que me regaló mi amigo Yarao, el curandero del Caserío Ño Carlos en la Península de Paria. Un día se presentó Yarao a la Hacienda Aguasana para darme el libro porque yo le había llevado desde Caracas "Laboratorio de la Naturaleza" de Lutecia Adams, así estaba de agradecido y fascinado con mi regalo que me ofreció una obra que había leído muchas veces y adoraba. Allí, entre pozos de agua caliente y turistas, comencé a leer sobre los inmigrantes de Córcega que llegaron a Carúpano en el siglo XIX y me apasioné por el tema. Entre ellos llegó a Venezuela mi bisabuelo Lucca.
Una vez armada la tribu de personajes postmodernos, asesorada por Maffesoli, volví a ver The Matrix porque algo me decía que allí había alguna clave que me sería útil. En todo caso la nieve seguía cayendo sobre Zurich y Carlos & family actuaban como suizos: salían y regresaban dentro del temporal mientras yo definía estructura y personajes en mi pequeña libreta Moleskine, bien resguardada del frío y poseída por Neo.
El caso de "Viernes a la sombra" es diferente, nada me tenía que disparar la historia porque ella había estado siempre allí, en mi inconsciente, sin embargo esta segunda novela contiene un sutil proceso alquímico dentro de la trama ya que en ese momento estaba leyendo "Psicología de la Transferencia" del maestro Jung y arrancar la historia de Natalia desde la nigredo fue demasiada tentación. "Viernes a la sombra" es mi favorita, la que siempre quise escribir. Amor y política en un viernes maldito de devaluación.
Bautizo de Viernes a la sombra
Años después, estando en Puerto Rico, el "Diario en la Habana" de Zenobia Camprubí disparó "Las siluetas del fuego". Por varios años investigué sobre la vida de Zenobia y Juan Ramon Jimenez, lo cual fue a la vez un placer y una angustia porque en medio de tanta poesía tuve que lidiar con temas amenazantes como la guerra civil y el exilio. Además decidí conocer La Habana donde comenzó el exilio de Z y JR, lugar que despertó en mi miles de anhelos caribeños e indignaciones.
Todo el año 2011 viví en Barcelona mientras trabajaba con la editorial Alrevés para que saliera la historia de Zenobia. Mientras recorría esa ciudad maravillosa, de cabo a rabo, comencé a escribir mi cuarta novela, la que traía esbozada desde Zurich. Las primeras páginas las escribí en el Barrio de Gracia con el mercado de Abaceira enfrente donde bajaba al terminar a comer una sepia con patatas acompañada con vinito blanco. Luego continué con mi trabajo en un espléndido edificio modernista en Ausias March, cerca del Arco de Triunfo y La Ciudadela, uno de los lugares donde me he sentido mejor porque aprendí a meditar caminando. La primera versión de la novela la escribí allí después de decidir que mi protagonista desaparecería en el deslave de Vargas. Esa decisión convirtió esta novela en un producto de interés para Venezuela.
Foto del pintor Antonio Ugarte
"Aromas del diluvio", así se llama mi cuarta novela. Es la historia de unos amigos que se van a la playa unos días antes de las navidades de 1999 y sucede el deslave. Una amiga que los acompaña desaparece, se la lleva el mar, ellos regresan, logran sobrevivir, organizan sus existencias hasta que diez años después la desaparecida da señales de vida y no muy contenta. "Aromas del diluvio' además de contar la historia de una tribu de personas muy particulares, diría que postmodernas, refleja mis años de nómada, otra marca de la postmodernidad. Pasa en Caracas, Zurich, Brooklyn, Miami y en otros lugares menos conocidos que visité cuando pasé unos años viajando, todavía sin entender bien la diáspora que nos había difuminado por el mundo, a mi y a mis hijos.


Durante estos meses pasados del año 2015 ayudé a dos escritoras venezolanas a dar forma definitiva a sus novelas. Estuve en contacto directo con cada una, he sido testigo del empeño que ha culminado con la publicación de ambas obras este mes de septiembre en Amazon.
Thais Navarrete, psicóloga venezolana radicada en Miami, publica "Y sabrás que te quiero". Su protagonista sabe que existe un secreto familiar que le impide ser completamente feliz, pasan muchas cosas, muchos boleros, para que su vida se aclare. Personajes trabajados a fondo, mucho oficio.
Isa Nuñez decidió escribir "La viuda virgen" delante de mi, en el taller "La historia de tu vida" en Caracas, 2013. Desde ese día no paró y me siento orgullosa del resultado por Isa y porque también es un triunfo de mi taller. Isa es empresaria exitosa, productora de eventos, gran experiencia en mercadeo de licores, donde nos conocimos, ahora también tendrá éxito como autora.  El título de la novela dice mucho y no puede ser más atractivo.
El empeño de estas dos mujeres, brillantes, trabajadoras, ya de vuelta de muchas situaciones en la vida, me decidió a montar "Aromas del diluvio" en Amazon para acompañarlas. Allí está en Kindle Store junto a mis otras novelas. Ojo que dos de ella se pueden leer en Kindleunlimited sin costo alguno.



domingo, 26 de abril de 2015

El teatro de los Villegas hasta Bolivar Film.

Después de que uno lee a Carl Jung es imposible no estar pendiente de las sincronicidades, ellas existen, suceden, pasan por algo, la cuestión es disfrutarlas y atrapar lo que nos dejan.
Hace poco monté en Amazon el libro de Germán Rodriguez Citraro, unos cuentos eróticos que he leído y releído, siempre encontrando algo nuevo, disfrutando mucho cuando explica la frenética vida nocturna en Caracas a principio de los años 60. Allí supe que había toda una fascinación por las artistas del cuplé, más allá de Sarita Montiel.
Pero ahí mismito, en la más expedita experiencia junguiana, leí el libro de Eleonora Villegas, una historia familiar, de esas que me gustan, narrada como teatro, como corresponde a una hija de Luis Guillermo Villegas. En ella está plasmada a través de las más insólitas escenas la vida del cuplé.
Hermanas Portocarrero en la radio


"La vida! ¿Un teatro?", así se llama el libro, es también una historia de pioneros. Escena tras escena, Eleonora nos va contando cómo fue desenvolviéndose la vida de su papá desde representante de artistas viajeros hasta fundar la gran empresa familiar que es hoy en dia Bolivar Film.
A medida que leía afloraron lejanos recuerdos de los cuentos de mi abuela sobre una Caracas que hace apenas un siglo disfrutaba de un incipiente teatro, casi siempre el oficio de familias dedicadas de lleno a ello, militantes, entregadas, decididas a dar todo por las tablas, pariendo, amamantando, muriendo en medio de la escena y hasta conversando inadvertidamente con Sandino, como le pasó a la madre de Villegas.
En "La vida! ¿Un teatro?", a través de los viajes de Villegas por Latinoamérica, descubrimos también lo difícil que fue sobrevivir durante aquella época, eso para los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor.
Carmencita, hermana de Luis Guillermo

Pero lo más junguiano de todo es que Eleonora comenzó a narrar la historia familiar y de una vez lo hizo como una pieza de teatro, memoria akashica, genes, lo que sea. Lo que se hereda no se hurta.
Ahora necesitamos que nos cuente más sobre Bolivar Film, ya que una de las escenas más interesantes es cuando Villegas conversa con Juana Sujo, en plena filmación de "La Balandra Isabel llegó esta tarde", o cuando grabaron al gobernador de Ciudad Bolívar sin rollo en la cámara.

Por supuesto que detrás de una personalidad Alfa como la de Luis Guillermo Villegas están unas cuantas mujeres. Primero que todo su señora madre, muy bien descrita por sus acciones, uno se la imagina con gran claridad: avanzada para su época, determinada, recurrente, pendiente de su familia y del teatro, juntos, en el mismo plano. Sus hermanas, las Portocarrero, dedicadas al teatro como él y la madre.  Luego se enamora en Méjico de una muchacha igualmente determinada pero que lo lleva a establecerse más allá del teatro, aunque siempre en contacto con el espectáculo.
El libro de Eleonora Villegas forma parte de todas esas historias familiares que quedarán como legado, como testimonio de lo que verdaderamente pasaba en Venezuela cuando podíamos vivir para contarla.
También hermana de L.G. Villegas

Todas las fotos son parte del libro de Eleonora Villegas, un documento importante que se deja colar entre las tablas. 

lunes, 18 de agosto de 2014

EL MEJOR NEGOCIO ES EL MÁS TONTO

Hace poco leí una explicación bastante larga de un conocido gurú de negocios donde le daba varias vueltas a la idea sobre cómo pueden los empresarios acortar la brecha entre la antigua manera de hacer negocios y la de ahora; se trata de convertirse en verdaderos líderes dedicados a que sus seguidores crezcan dentro de las corporaciones ( ni siquiera tengo claro si todavía está permitido hablar de corporaciones). 
Lo que si tengo claro es que al empresario lo borraron del mapa y lo sustituye el líder cuyas intenciones son más altruistas y que se asemeja más a un profeta arreando a sus rebaño de fieles que al Ciudadano Cane que nos vendió Orson Wells en su momento. 


De más está decir que quienes optaron por montar una empresa y están a caballo entre la era industrial y la era de la información van a pasar mucho trabajo para aceptar y adaptar las nuevas prácticas de negocio, o tendrán que entregarle el mando a otro que esté decidido a crear riqueza en vez de contar los centavos. 

Pero ahora viene lo más peludo. Los gurú le piden a las empresas y a sus líderes que se vayan por lo más simple. Lo más deseable sería que la inspiración llegara desde la frase de Leonardo Da Vinci: "La simplicidad es la máxima sofisticación". Pero no, aunque la idea no es nueva, viene del ingeniero Kelly Johnsonn que trabajó en el diseño de aviones espías para la Loockhead, siguió rodando y en el mundo del diseño se dieron banquete produciendo logos que van desde la frase incial:"Keep it simple, stupid", pasando por "Keep it short and simple" hasta ""keep it simple and straightforward". Y todo se resumió con la palabra KISS. 

Lo cierto es que las cosas se han complicado hasta el punto que los gurú piden a los líderes de los negocios que no se ocupen de la estructura sino de la filosofía, de las ideas, lo cual no quiere decir la Visión. Los empresarios tienen que aprender a desarrollar su liderazgo, tienen que apoyar a sus seguidores dentro de la organización para que crezcan y tienen que estar al servicio de sus empleado con el mismo entusiasmo y devoción como lo haría una monjita de la orden de la Madre Teresa de Calcuta.

Al final, esa búsqueda de simplificar y de hablar de ideas y no de números lleva a un enunciado fundamental que parece sacado de un manual Zen: "El mejor negocio es el más tonto". 

Pero...

Claro que la publicidad está al acecho de todo lo que está pasando y los más aguerridos MadMen crean una campaña para el cigarrillo Camel. 
Si, las tabacaleras después de años de desconcierto sin identificar bien su target surgen con una campaña para revistas para jóvenes que lleva una IDEA universal, actual, sugerente e imbatible: TASTE IT ALL.   
A PROBARLO TODO porque es nuestro derecho, es la libertad.
Adiós a los machos fumadores:


 y bienvenido el mundo de las ideas: 



"Inspiración es cuando un momento se convierte en memoria".  Comience a contar su historia!

Los anuncios han invadido las revistas para gente joven en Canadá. Los profesores de marketing interpretan la campaña como una incitación a que los jóvenes vivan el momento sin medir las consecuencias. 







"Descubre lo inesperado, celebra lo inolvidable".  Que viva el cambio con lamparitas chinas!






En Estados Unidos están alerta porque sus jóvenes leen revistas canadienses. Una vez más la publicidad interpreta limpiamente.

domingo, 6 de julio de 2014

COSTA VERDE PARIA: La verdadera riqueza

Cuando pienso en los años felices siempre aparece de primera mi etapa en la Península de Paria: fueron los tiempos de Aguasana y sus pozos de aguas termales, una aventura eco-turística que me dio la tranquilidad de que mi vida ya estaba suficientemente vivida; fue bajar desde la carretera hacia el Hato Río de Agua y quedarme un instante sin habla, con la certeza de que estaba contemplando el paisaje más bonito del mundo, la marisma, los búfalos, la sabana; fue sentarme frente a Playa Medina a comerme un parguito frito después de haber nadado en la mejor bahía del Caribe. Esa vida fue una verdadera riqueza.  
Todo este recuerdo viene al caso porque la semana pasada pensé bastante sobre el dinero y la riqueza. Estaba tan obsesionada con el tema que envié algo escrito a mis hijos, más que todo porque me acordé que mi papá siempre tuvo muy claros los dos conceptos y trató de enseñarnos que la riqueza no era solo el dinero sino que lo más importante era estudiar, ser una persona correcta y pensar en los demás, decía que eso era ser verdaderamente rico.
Cuando pienso en mis amigos de Paria: Wilfried, Ana Teresa, Elizabeth, Sabine, Joel, Alicia, Pedro y algunos más que no nombro, los imagino a todos pintados de verde, de pie a cabeza, como la escultura de Nicomedes en Sietemares, en esa misma costa verde pero más al centro. Y pienso en ellos porque también son parte de la verdadera riqueza de la Costa Verde Paria, por su amor a la naturaleza, por su empeño en desarrollar los proyectos de la Fundación Thomas Merle, casi siempre con un inmenso esfuerzo, porque siguen batallando en una tierra bellísima pero dura como cualquier frontera.
El vigilante de Nicomedes Zuloaga. Sietemares
En medio de toda la turbulencia ese grupo de pioneros variopinto insiste, apuesta por su costa, espera ese turismo que debe llegar. Se aferran a un sueño que comenzó hace más de 25 años y que ha sorteado las más estimulantes y angustiosas etapas.
Es imposible que una Costa Verde como la de Paria no sea exitosa como todas las Costas Verdes del mundo, es imposible que ese sueño venezolano-argentino-alemán-corso no se cumpla. Allí se mueven demasiadas energías, allí las personas encuentran el sentido de la vida, allí hay que olvidar cualquier circunstancia externa e insistir, tal cual como lo hicieron nuestros conquistadores.
Hay que solicitar con tenacidad agotadora que vuelvan a llegar las líneas aéreas locales al aeropuerto de Carúpano, hay que solicitar una carretera que comunique a todas las playas, que Medina y Puy-puy estén unidas a Chaguaramas de Loero, a Nivaldito, a Chaguaramas de Sotillo para que se haga el corredor definitivo en la Costa Verde Paria.

Unir estas playas es importante porque así se completaría ese gran sueño en la tierra que más adoro, esa zona adonde llegó mi bisabuelo corso: Agustin Lucca Franceschi. El alcalde del municipio Arismendi, donde se encuentra este delicioso corredor de playas, se llama Enrique Franceschi, entonces las cosas podrían tomar otra perspectiva y convertirse en un intenso y demoledor interés entre descendientes de corsos para continuar desarrollando la zona como lo hicieron nuestros antepasados.

No pierdo las esperanzas de volver a vivir en la Costa Verde Paria, donde se encuentra la verdadera riqueza, ya que ese también ha sido mi propio sueño. No lo descarto, estoy a la espera...    




sábado, 14 de junio de 2014

MIAMI NO ES BROOKLYN NI HILLARY ES LEWINSKY

Por circunstancias domésticas normales que uno debe tomarse con soda me tocó ir esta semana a Mily´s Laundromat. Mientras iba hasta la famosa 8 calle en busca de una lavandería automática recordé la Laundromat de India Street en Brooklyn, donde lavé mi ropa cuando nació mi nieto Niquin.


Esa lavandería fue para mi una aventura multilingual, con una clientela más que todo polaca, del barrio de Williamsburg, pero atendida por una chinita que me daba por la cintura pero dejaba claro cómo era nuestro negocio con una voz estentórea. Todavía no sé si ella habla inglés o yo hablo chino, pero nos entendimos.
Ese es uno de los muchos recuerdos que tengo de esos meses en Brooklyn, en la zona maravillosa de Greenpoint desde donde se veía la bellísima silueta de Manhattan.

Había buscado en el mapa la Laundromat más cerca en Coral Gables y resultó una verdadera sorpresa, más bien una feliz sorpresa mayamera. Pensaba que me iba a encontrar con las desvencijadas máquinas de lavar que había utilizado en Brooklyn y que pasaría horas frente a ellas, sentada en un banco duro sin cruzar palabra con nadie, sin siquiera arriesgar una simple ojeada para ver de qué se trataba mi vecino que también lavaba, pero no, mi lavandería cercana es el state of the art de las Laundromat de la Florida.
Confieso que ante tanto acero inoxidable y topes de granito me sentí algo confusa, estaba parada aturdida dentro de una cocina de revista italiana, pero así resultó la cosa en Mily´s Laundromat, hasta daba pena sacar el paquete de jabón barato que había encontrado en el Walgreens de la esquina, me provocaba tener a mano uno de esos súper oloroso potes de jabón Marsella para lavar, esos que se compran en los supermercados franceses.
Previendo, me llevé Vanity Fair para leer el ensayo de Monica Lewinsky que hace días estaba esperando por mi, deseaba saber su reacción ante el inminente lanzamiento de la campaña electoral de Hillary Clinton y su posible triunfo, también me picaba la curiosidad saber cómo contaría el episodio su principal protagonista 15 años después.
Por poco no logro leerlo, el ambiente en Mily´s Laundromat es de cordialidad y entendimiento, de interminables consejos sobre la mejor manera de utilizar las máquinas y de posibilidades de encontrarnos en un futuro muy cercano para seguir con la habladera. O sea, lavar en Miami es una fuente de información y networking.
Entre todas las actividades en paralelo que se suceden en Laundromat de la 8 calle, logré leer el ensayo que ha escrito la Lewinsky antes de que una tremenda aplanadora le pase por encima y la mande probablemente al voluntario exilio.
Dice muchas cosas, pero la que más me impresionó es lo difícil, por no decir imposible, que le ha resultado conseguir trabajo en estos 15 años. Después de su debacle vestida de azul solamente ha logrado participar en proyectos de trabajo propios, a pesar de haber estudiado un master en el London School of Economics cuya tesis de grado trata sobre "la búsqueda de juicios imparciales, publicity antes de los juicios y sus efectos en terceras personas", sin embargo, ninguna de las personas de recursos humanos o ejecutivos de compañía que la han llamado para una entrevista han tenido la intención de contratarla. Esas personas, con la excusa de una conversación de trabajo, han tratado de bucear en su pasado para ver si logran alguna nueva pista sobre su insondable relación con Bill Clinton y al final le han dicho que es imposible tenerla en la empresa por razones obvias. Así de claros.
A mi, el final de la entrevista me dejó un poco temblorosa, la ropa la doblé de manera desigual y sin ningún estilo, no volví a la conversación general en spanglish que tanto me divierte, sino que pensé llegar pronto a casa para volver a leerla, para ver si no había entendido bien porque ya estaba cansada.
"Enero 30, 1998, nueve días después del escándalo, Le Bernardine, Manhattan: las escritoras Erika Jong, Nancy Friday, Katie Roiphe, Elizabeth Benedict, las editoras Patricia Marx y Marisa Bowe, todas feministas y reunidas por The New York Observer para hablar sobre el Interngate"
"De allí no salió ningún apoyo", cuenta Mónica Lewinsky, ella conoce la grabación del momento, sabe de los comentarios evasivos y hasta jocosos de cada una de ellas. Monica reflexiona sobre la imposibilidad de que alguna se solidarizara con ella después del apoyo que le ha dado Bill Clinton al movimiento feminista.

   





martes, 27 de mayo de 2014

Asalto doble en Coral Gables
No es lo común andar a pie por Miami pero yo insisto. He descubierto un transporte público confiable y a veces gratis.
Acostumbro salir de mi casa para caminar dos cuadras hasta el trolly de Ponce de León.
Desde los primeros días sentí el zumbido de un pájaro negro con un pico largo y afilado que me hacía pasajes rasantes, salía desde la mata de mango de enfrente y yo pensé que era una animada expresión de bienvenida. Juro que lo sentí así.

Comencé a preocuparme porque cada vez el bólido negro me pasaba más cerca de la oreja y a velocidades turbo. Me dije que no importaba, que seguro tenía un radar natural y nunca chocaría conmigo, los animales son así de confiables. A medida que recibía las bienvenidas del pájaro que ya estaba casi segura que era un cuervo, la tranquilidad con la que siempre salía se fue convirtiendo en un molesto asomo de temor cuando pasaba frente al mango, ¡he jurado no tener miedo en Miami!
No sé por qué me acordaba de Tippi la de Hitchcock y "Los Pájaros".
Me tranquilizó que solo era uno y que no había una nube de pájaros deseosos de darme la bienvenida.
Estoy segura de que un día me rozó la oreja, no sé con qué, pensé que me había pasado demasiado cerca, demasiado rápido, demasiado atrevido.No quería ni imaginar lo que sería la próxima vez. No la hubo.
Regresando a casa me encontré el cadáver del pájaro negro en el borde entre la grama y el asfalto de la casa de al lado, había chocado contra algo quedado allí mismo, frío. Sentí una mezcla de tranquilidad y lástima, había sido mi primer amigo en Coral Gables.
Al salir, durante varias semanas, contemplaba la mata de mango en busca de nuevos habitantes, ninguno nadie, parecía que el difunto era un pasajero solitario.
El sábado me fui caminando a la licorería que me queda a cuadra y media. Es, sin temor a equivocarme, la mejor de Miami. Tienen de todo y si uno pregunta sobre algún licor se puede quedar conversando toda la mañana, saben muchísimo, me encanta. Ese día me quedé un rato hablando de la cerveza Estrella, decidí que sería mi bebida ese fin de semana en recuerdo a mi feliz temporada en Barcelona.
Terminé la conversación y salí con mi empaque, lista para beberme una cervecita. Apenas crucé la calle sentí un bólido que me pasó rozando la oreja, tal cual como me había sucedido con mi vecino del mango. Me paré en seco y esperé que el turbo volviera a su guarida: un árbol frente a la licorería que no sé cómo se llama.
No quiero que mis viajes a comprar cerveza se conviertan en un anticipado terror al kamikaze, tampoco quiero desearle a este nuevo bólido una estrellada madre. Solo pido que los pájaros de Miami no me den miedo y se comporten, que no se metan conmigo y en todo caso que no vivan cerca de mi licorería favorita.

sábado, 2 de marzo de 2013


Desde Caracas

CATALINA DE MIRANDA Y VIRGINIA WOOLF


Caracas es un clima. 
Camino hacia la casa pienso en esa frase que le escuché un día a mi amiga Yoyiana Ahumada, mientras siento en mi rostro la brisa amable que baja de la montaña. 
Entro al apartamento de mi hermana y confirmo por la ventana de la izquierda que además Caracas es el Ávila, montaña que nos protegió de los piratas del Caribe en los tiempos de los conquistadores, y que en estos momentos inusuales nos acompaña con fidelidad impasible.
Sigo hacia adentro. 
Si levanto la mirada observo desde la ventana de mi habitación -la que me asigna mi hermana Abjini que cada vez es más sacerdotisa egipcia, debido a la dilatada travesía de su alma por los universos paralelos -una cascada que baja entre el verde de la montaña y que aumenta o disminuye su caudal según el clima. 
Caracas es un buen clima.
Si miro hacia adentro me encuentro con torres de libros recostados de las paredes azules de mi habitación. Mi hermana los está clasificando: ya son demasiados, dice, y necesito aligerar el equipaje. 
De lejos reconozco con regocijo uno delgado, bastante viejito, uno al que siempre vuelvo. Lo alcanzo de un zarpazo y me lo apropio.

Lo coloco al lado del otro. 
Ese otro que ocupa mi cama desde hace unos días. 
Los pongo juntos sobre el edredón verde pálido para compararlos en tamaño y ancho, y para ver si es posible una conversación entre mujeres separadas por un siglo y un océano. Ambos son de fondo oscuro y en sus portadas reflejan una figura de mujer. Además, los dos son escritos por mujeres: me piden que hable sobre mujeres y ficción, lo cual puede significar que hable sobre las mujeres y la ficción que escriben o que hable sobre la ficción que se escribe sobre las mujeres. No lo digo yo, lo dice Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia. 
Catalina de Miranda es justamente eso, ficción escrita por una mujer sobre otra mujer. 
Xiomary Urbáez, la autora, es audaz como su heroína: una mujer buena que hace cosas menos buenas, así la define su propia creadora. Una sevillana que fue de las pocas mujeres que vino sola a América durante el siglo XVI. Esta parte de la historia es verdad verdadera, Urbáez la pescó en la red y la convirtió en novela. 
Xiomary es audaz porque se atrevió a competir con su primera novela en el premio iberoamericano de narrativa de Planeta-Casamérica y llegó de finalista, lo cual es el equivalente hoy en día a lo que fue hace unos siglos atravesar el Atlántico en galeones amenazados por temporales y corsarios. 
Estas dos mujeres cayeron de pié en América.
La señorita de principios del siglo XX de la portada del libro de la Woolf está sentada leyendo. Su tez es pálida, nunca ha sido tocada por ardientes rayos de sol, y sus ojos ven hacia abajo, está comprendiendo, aprendiendo. La mujer de la portada del libro de la Urbáez es puro fuego, su silueta es como una llamarada y su mirada es de gozo. Se está comiendo el mundo. 
Esa es Catalina de Miranda. 
Catalina en un mundo masculino se saltó las reglas más allá de lo socialmente permitido. Las sensuales escenas dibujan la personalidad de una mujer compleja, irreverente y apasionada, no lo digo yo, lo dice Xiomary Urbáez explicando su personaje.
También Xiomary invadió un mundo masculino cuando escribió una novela de aventuras, pero ya dijo la Woolf: aunque mujer poco culta me gusta leer pero la historia cuenta mucho sobre las guerras, las biografías cuentan solo sobre los grandes hombres, la poesía tiende hacia la esterilidad, les digo a las mujeres que escriban libros de viajes y aventuras.
Después de narrar una vida plena de amores, corsarios y conquistadores, recorriendo varias ciudades como Maracaibo, Coro y el Tocuyo, una suerte de historia novelada ya que se entremezcla con la propia historia de Venezuela, después de pasearnos por el mar Caribe, por la brillante vegetación del trópico y después de contar sobre los más exóticos animales, Urbáez dice que Catalina se instaló en el buen clima de Caracas con el hombre que más amó. Aunque no tengo claro si ella lo quiso más que a los otros, por lo menos más que al corsario Roberval, su primer gran amor y quién la introdujo por los caminos prohibidos de la sensualidad. 
Sus últimos años los vivió tranquila, próspera y rodeada por sus hijos. Murió viendo hacia el Ávila.



Le pregunto a Xiomary para cumplir con la Woolf: ¿tienes una habitación propia para escribir?
-No que va, apenas un taburete de Tintorero.
-Mejor una hamaca.







lunes, 6 de agosto de 2012

LA DICTADURA REVISITADA o AL AZAR DEL VIENTO

¡Increíble! Aterricé en Zurich en el mismo momento en que cerré "Al azar del viento", la novela escrita por mi compatriota Ana María Velázquez y sobre la cual tuve gran curiosidad desde que me enteré que había salido.
Todavía en Miami comencé a leerla, pero ante el desconcierto que siempre me producen las despedidas decidí dejarla para las horas en que yo estaría al azar sobre el Atlántico.
Me interesa cualquier novela que trate sobre nuestro pasado porque es un nuevo intento de explicar el presente, y en especial me interesa el tema de esta novela porque todavía escucho los susurros de mi abuela cuando comentaba con sus amigas sobre el mal momento por el cual pasaba María Luisa Casanova: "la muerte de su hijo Alejandrito y encima la nuera se fue con el peor de los esbirros..."
Ana María Velázquez se basa en esta tragedia real de los años cincuenta que sucedió en Caracas y escribe su propia versión, como ella misma expresó en el bautizo de su libro. Porque estoy influenciada por la versión de mi abuela la llamo una tragedia, después de leer la novela me doy cuenta asombrada de que es también una gran historia de amor.
La mejor manera de apreciar el trabajo de la escritora es saber de antemano que sus personajes son solo figuras de ficción con características de la época, de los años 50 en Caracas, los cuales ella desarrolló para narrar una trama real, una historia que si existió. Solo con eso en mente uno se quita de encima la angustia por saber lo que es verdad y lo que es imaginario y comienza a disfrutar la historia.
Volver a los años 50 en Caracas... a la dictadura de Pérez Jiménez... fue impactante para mi.
¡Tantas cosas olvidadas! y por encima de todo reconocer que no le pregunté lo suficiente a mi abuela... tener que soportar tantas imágenes fugaces que comenzaron a pasar ante mis ojos sin escuchar su explicación, siempre exhaustiva, sobre todo y todos. A medida de que avanzaba en la lectura surgieron mil interrogantes que ella habría contestado a la perfección.
(Es triste cuando uno toma conciencia de que no hay vuelta atrás, ni siquiera una pequeña charla esclarecedora, tal vez es por eso que últimamente estoy empeñada en que todo el mundo cuente la historia de su vida... y la de los demás).
Lo que más me gustó de "Al azar del viento" fue el ritmo de las secuencias. Ana María enlaza los distintos momentos de la historia con gran habilidad, se mueve con soltura dentro de las fechas y uno siempre sabe donde está parado. Eso no es fácil. En fin, nada es fácil cuando se escribe una novela y lo más difícil es llegar al final sin dejar cabos sueltos. Ana María Velázquez los amarra todos.
Sin embargo, a mi me faltó más historia real y menos amor, pero así son las cosas, estoy segura de que a alguien le hizo falta más amor y menos historia.
El caso es que sale otra novela que vuelve a explicarnos nuestro pasado a ver si entendemos el presente, eso es lo que deberíamos sacar en limpio en vez de dar opiniones comprometidas: "a mi me gustó lo que hizo esa señora porque dejó todo por un gran amor", "a mi no me cuenten nada bueno que tenga que ver con ese esbirro", "a mi no me interesa lo que pasó antes en Venezuela, solo estoy pendiente del aquí y ahora".
Pensándolo bien: Ana María Velázquez decidió contar una historia que tiene sus aristas y salió airosa de la empresa porque su obra se nota muy trabajada.
Pensándolo mejor: si todavía existen algunos de los protagonistas o relacionados con la historia real también podrían contar su versión. Siempre me parece la mejor opción dar las propias explicaciones.





domingo, 5 de febrero de 2012



De Navios, Ron y Chocolate
(de nuevo el tema de los corsos)
Por fin la vi, tenía tiempo pendiente de la película de Malena Roncayolo, era un proyecto que había vivido de lejos pero que me tocaba muy cerca. A pesar de su nombre que puede ser o no ser, por mi participación como entrevistada en la película sabía que trataba sobre los inmigrantes corsos que llegaron a Venezuela.  
Es un tema que me interesa, como a muchos de los descendientes de los corsos que se establecieron en mi país. Algo supe de ella cuando se estrenó en Caracas, algunos amigos me escribieron sobre una estupenda fotografía, y luego traté de asistir a la presentación en Bastia, Cabo Corso, pero no llegué. Inesperadamente, el CD llegó a mis manos entregado por la propia Malena en un encuentro fortuito en Miami.
Como tengo el CD la he recorrido varias veces, no me ha cansado; aunque el poder de las imágenes que realmente son magníficas fue limitado, tuve la oportunidad de apreciarla con calma debido a que pude ir de atrás para adelante y de adelante hacia atrás. La revisé a mi antojo para deleitarme con la fotografía de dos lugares que son mis favoritos: la Península de Paria y el Cabo Corso. Solamente por entrar en la atmósfera de la isla de Córcega, que siempre me entusiasma por insondable, y por disfrutar de la explosión tropical de Paria, merece la pena esta película, que sin duda ofrece mucho más.
Malena Roncayolo siguió la ruta de los corsos, entrevistó a un grupo de personas que conoce sobre el tema y que de alguna manera ha vivido en contacto con esos pioneros que vinieron a Venezuela, más que todo durante el siglo XIX. Me llamó la atención el comienzo porque Malena se detiene para explicar la situación de españoles, ingleses, y por supuesto franceses, en el Caribe, cuando todavía America del Sur era colonia de España y Portugal, me sorprendió porque no esperaba una introducción que hablara de esos tiempos, pero recordé que la película cuenta sobre navíos. Malena hace navegar una gran variedad de embarcaciones por el Mediterráneo, por el Atlántico y por el Caribe, con una limpieza tecnológica que solo una cineasta experimentada y actualizada puede lograr. Los efectos sobre el mar me dejaron loca.
Playa Medina en la Penísula de Paria


Luego la imagen se muda a tierra y distingo a la la bella iglesia de Murato, una de mis favoritas, los altos árboles de Guaraúnos, las casas de Erbalunga que dan al mar y el recorrido costa afuera por las playas parianas, pienso que me hubiera gustado que algunos sitios emblemáticos como estos, tanto en Córcega como en Venezuela, tuvieran una letrero, algo que los identificara. Ante la visión inicial de esta iglesia de Murato construida durante el período de dominación de Pisa, comencé a soñar porque sabía que anunciaba un festín para mis sentidos y para mi vista. 
Paralelamente escuchaba el guión donde intervenían varios narradores dando una cantidad de información, a veces confesional en el caso de la lectura del diario Souvenirs escrito por una corsa que visitó nuestra tierra, a veces poética porque el paisaje así lo exige y a veces informativa ya que pasaron muchas cosas interesantes durante el abandono de la tierra mediterránea y la instalación en el Caribe . La propuesta de Malena combina narraciones, ficción y entrevistas para contarnos una historia que transcurre durante muchos años, hasta llegar a nuestros días.
Marsella
He leído bastante sobre el tema pero fue un placer verlo pasar en imágenes frente a mis ojos, que mis admirados corsos que dejaron su isla en el Mediterráneo y se vinieron a América tomaran forma en las imágenes de ficción tan acertadas de Malena. Audaces, comprometidos, unos amantes del comercio y otros buscando tierras para sembrar. Productores y exportadores de cacao, café y ron, explotadores del caucho y mineros en El Callao, marinos y constructores de trenes como los mismos Roncayolo. Vidas ricas, intensas, de aventuras controladas porque buscaban el éxito. Y ante tanta actividad, las sedantes tomas de Pino, de Bastia, de Oletta, de Figarella, de Erbalunga, de la Castagniccia, la gran belleza de la isla de Córcega combinada con el brillante puerto de Marsella.
Irapa, Península de Paria, archivo de JB Canarelli
La actualidad la cuentan los descendientes de los pioneros, comienzan hablando los bisnietos de los que vinieron durante las primeras décadas del siglo XIX, narran los recuerdos familiares y la situación del país para la época, junto al historiador Carlos Viso, un experto en el tema que ha recuperado y conservado cantidad de documentos y fotos que quedaron olvidados en Carúpano cuando la mayoría de las familias corsas se fueron a la capital.
Más adelante respiro tranquila por la mención de Pascal Paoli, verdadero héroe nacional antes de que surgiera el pequeño gran corso, quien escapa temprano de la historia de la isla para coronarse como el Emperador Napoleón. 
A través de la película se va conociendo la vida de los que se vinieron, las circunstancias en las cuales quedaron cuando Génova le entregó la isla a Francia. Bien contada, bien armada, tal vez con algunas disgresiones que nos separan del hilo principal de la historia pero que la mayoría de las veces enriquecen la obra de Malena. Allí queda este largo y completo testimonio.
Hay que verla, no solo los que compartimos el interés por los que vinieron de la isla de Córcega sino todos los que habitamos y queremos el mar Caribe, esta es parte de nuestra historia. Hay que celebrarla porque es el trabajo arduo de una venezolana que se atreve a contar, que se arriesga a incursionar en un oficio tan duro y completo como es narrar con imágenes y con la palabra. Me siento orgullosa de compartir con Malena la sangre corsa y sobre todo la venezolana. 
Malena Roncayolo, Anabel Acosta y Damián Croce en Erbalunga